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“Imágenes de una huella” (Parte 2) Víctor Raúl el lider
Sánchez y Jorge Puccinelli mencionan también a Víctor Raúl Haya de la Torre como otro miembro activo del Conversatorio Universitario. Sin embargo, Haya de la Torre en 1917 recién había llegado de Trujillo a Lima y inmediatamente partió al Cusco, donde estaría por el espacio de 7 meses. De nuevo en Lima, priorizó el trabajo dentro de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP), del cual llegó a ser Presidente, y la consolidación misma de la reforma universitaria.
AGÜERO VIDAL, Tito Livio (2007).
Tito Livio Agüero Vidal - Egresado de la facultad de derecho y  licenciado en Sociología en la especialidad de política (Pontificia Universidad Católica del Perú), egresado de la Maestría de Ciencia Política (UPIGV-ICD), Miembro del Taller de Estudios Políticos ¨Antenor Orrego¨, Catedrático de la Escuela de Ciencia Política (Universidad Nacional Federico Villarreal). 

Introducción.-

Mi primer contacto con la producción bibliográfica de Eugenio Chang-Rodríguez (1926) fue en la Biblioteca de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú (hoy Biblioteca Alberto Flores Galindo) a través de un libro suyo que me causo un gran impacto (La literatura política de González Prada, Mariátegui y Haya de la Torre. México: Studium, 1957. 436 pp.). Después fue un ensayo que inicialmente había sido escrito en inglés pero que apareció traducido al español en la Revista Claridad. Tribuna de la Juventud Libre (“Mariátegui y el APRA en la redefinición del indigenismo“. Lima. # 10, 1980). Por último, cuando comencé a redactar mi tesis de licenciatura en sociología política (La temática indígena en los inicios del APRA (1930-1948): un estudio de cuatro intelectuales apristas. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, diciembre de 1997, 2 Tomos. 1400 pp.) leí su Poética e ideología en José Carlos Mariátegui (Trujillo: Normas Legales, 1986 238 pp.) Después tuvimos la suerte de conocerlo personalmente en 1999 y de ahí en adelante comenzó una relación de amistad que se mantiene hasta el día de hoy. Eugenio me encargo la revisión y redacción del Índice Analítico y Onomástico de la antología que preparo de Antenor Orrego (Modernidad y culturas americanas. Antenor Orrego. Páginas escogidas. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2004. 495 pp.).

La última aventura intelectual de Eugenio fue la redacción de sus memorias para ello le presentó a Rafael Tapia Rojas director del Grupo de Trabajo en Cultura del Congreso de la República el proyecto que tendría y tuvo tres tomos: Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas y Asia (Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2005. 530 pp.), Una vida agónica. Víctor Raúl Haya de la Torre (Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2007. 378 pp.) y Entre dos fuegos. Reminiscencias de Europa y África (Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2008.  319 pp.). En estas memorias colaboramos con Eugenio haciendo una revisión de los tres libros pero cuando leíamos  Una vida… le envié un correo donde le comunicaba que el c. Alberto Vera La Rosa tenía un valiosísimo archivo fotográfico y que nos parecía conveniente que algunas fotos podrían muy bien acompañar su libro. Eugenio respondió afirmativamente y nosotros rápidamente hablamos con Alberto, elegimos una buena cantidad de fotografías y nuevamente con el mismo Alberto redactamos las respectivas leyendas que acompañarían a las fotos. Sin embargo, Rafael Tapia nos dijo que muchas fotos, que eran inéditas, no tenían un correlato directo con las memorias así que propuso a Eugenio crear un capítulo (“Imágenes de una huella”) donde irían la mayoría de las fotos y me pidió ex­profesamente que redactara veinte (20) textos que se presentarán a los lectores en varias entregas.  

"EL CONVERSATORIO UNIVERSITARIO DE SAN MARCOS"

La lejana Lima de las dos primeras décadas de este siglo fue el escenario de un acontecimiento realmente singular, la Universidad de San Marcos, una de las casas de estudio con mayor abolengo, tradición e historia de toda América, había dejado su papel rector y dirigencial de la cultura peruana. Los principales focos de irradiación ya no se localizaban en sus aulas, como tampoco los escritores más destacados y los pensadores más relevantes ocupaban sus cátedras. Si uno quería tener un contacto cercano con la intelligentzia del país tenía que salir a buscarla en las calles, en la redacciones de las revistas o periódicos, en las tertulias de los círculos literarios o en las nuevas asociaciones de pensamiento que se habían creado, no sólo al margen de la Universidad sino inclusive en abierta y directa confrontación con ésta. Por este motivo no podía sorprender que Manuel González Prada (1848-1918) como Abraham Valdelomar (1888-1919) y José Carlos Mariátegui (1894-1930) hayan tenido un discurso antiacadémico y antiuniversitario. En este panorama un grupo de estudiosos e intelectuales, vinculados a las ramas de la filosofía, como Alejandro Deustua (1849-1945) y a las letras como José de la Riva Agüero (1885-1944) y Víctor Andrés Belaúnde (1883-1966), todos miembros de la denominada generación de 1905, ya sea desde la cátedra o los libros, trataron de dar un nuevo curso a la Universidad, aunque este intento de "reforma" fue hecho desde arriba, pues no contó con la participación activa de los otros estamentos universitarios, especialmente de los alumnos. Las grandes dotes intelectuales y el enorme prestigio que sus investigaciones les daban determinaron que se constituyesen en un referente obligatorio para todo universitario sanmarquino que quisiera huir de la mediocridad y la monotonía permanente y cotidiana de las aulas.

Un grupo de estudiantes, todos ellos de la Facultad de Letras y de la especialidad de Historia, y que mostraban a su corta edad ansias enormes por emprender nuevas aventuras intelectuales, sintieron que aquellos profesores, especialmente los afines a su carrera, como Riva Agüero y Belaúnde, eran un "espejo" en el cual ellos podían mirarse. Lo arielistas o novecentistas, como también se les conocía a estos consagrados hombres de letras, conocedores de la ascendencia que tenían sobre aquellos muchachos los convocaron a sus reuniones semanales y los invitaron a colaborar con artículos y ensayos en su revista Mercurio Peruano.

De ningún modo los jóvenes se limitaron a asistir a los conciliábulos arielistas; ellos no querían convertirse en meros espectadores: aspiraban a tener un rol no sólo en el futuro de la vida cultural peruana sino también en el presente. Como producto de esta inquietud de trascender intelectualmente apareció el Conversatorio Universitario en 1919. Sus integrantes, como ya adelantamos, eran todos sanmarquinos y estudiantes de Historia, y además se habían formado bajo el magisterio del gran historiador chileno don José Toribio Medina (1854-1931), quien estuvo en el Perú en dos oportunidades, en 1921 y 1930, y cuyo archivo y biblioteca era una de las más valiosas de todo el continente. Además de pasar por el filtro de las enseñanzas de Medina también tuvieron una decidida y activa participación en la Reforma Universitaria de 1919 que tuvo como centro la Facultad de Letras.

Aunque, si bien el Conversatorio Universitario surge en 1919, se remontan en realidad a 1917, fecha en que la ascendencia de los catedráticos arielistas era todavía muy fuerte, cuando Belaúnde en una brillante conferencia propuso una serie de acciones concretas con el fin de dinamizar y oxigenar la Universidad de San Marcos.De inmediato, Raúl Porras Barrenechea (1897-1960) y Jorge Guillermo Leguía (1898-1934), los más entusiastas y dinámicos del grupo, lanzaron la iniciativa de hacer efectiva la idea de Belaúnde. Ricardo Vegas García, Manuel Abastos, Guillermo Luna Cartland, Carlos Moreyra Paz Soldán, José Quesada, José Luis Llosa Belaúnde, Jorge Basadre y por supuesto Luis Alberto Sánchez fueron los otros integrantes que se sumaron a la propuesta de Porras y Leguía. Sánchez y Jorge Puccinelli mencionan también a Víctor Raúl Haya de la Torre como otro miembro activo del Conversatorio Universitario. Sin embargo, Haya de la Torre en 1917 recién había llegado de Trujillo a Lima y inmediatamente partió al Cusco, donde estaría por el espacio de 7 meses. De nuevo en Lima, priorizó el trabajo dentro de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP), del cual llegó a ser Presidente, y la consolidación misma de la reforma universitaria. Es cierto que guardó una estrecha relación con muchos de los integrantes del grupo, de forma muy especial con Porras Barrenechea y posteriormente con el mismo Sánchez, y si bien participó en varias actividades de este círculo juvenil no lo hizo de forma continua o permanente.
Faltando pocos años para celebrar el centenario de la independencia del Perú (1921) todos estos inconformes universitarios con lo que eran hasta ese entonces las líneas directrices de la historiografía peruana realizaron sendas conferencias, algunas de las mociones presentadas fueron incluso publicadas, como en los casos de Leguía ("Lima en el siglo XVIII"), Porras Barrenechea ("Don José Joaquín de Larriva") y Sánchez ("Los poetas de la revolución"). Las demás exposiciones no llegaron a editarse, eso sucedió con Vegas García que habló sobre Lord Cochrane, y con Abastos, que disertó sobre Bartolomé Herrera. La audacia que mostraron no se redujo sólo a dar un conjunto determinado de charlas, pues como su mirada era mucho más amplia que la de los universitarios comunes que habían estudiado y estudiaban todavía en la Universidad de San Marcos, siguieron realizando diversas actividades de diversa índole. Para comenzar y en actitud paralela -y por que no decirlo desafiante- frente a sus maestros, comenzaron a reunirse semanalmente para leer, discutir y debatir sobre los diversos temas que salían después de la lectura colectiva de un libro. Como era de esperarse tampoco se quedaron sólo en el estudio y en las reuniones. Se dedicaron a realizar otras tareas vinculadas con su profesión. Sánchez, por ejemplo, recuerda que todos ellos se avocaron a trabajar con ahínco en la Biblioteca Nacional.

1920 Víctor Raúl con estudiantes universitarios

Pero junto a las inquietudes propiamente intelectuales se encontraban simultáneamente las ideológicas y políticas y con ellas también las primeras acciones concretas de rebeldía. Recordemos, que ya habían participado en el Comite de Letras que había impulsado la Reforma Universitaria, cuando en la misma fecha del mencionado centenario, Sánchez junto con Manuel Abastos y Víctor Raúl Haya de la Torre fueron los artífices de un acto de solidaridad con el gobierno mexicano, que por esos años se había constituido en un símbolo para los jóvenes progresistas del Perú y de toda la América Latina.

Pero sin lugar a dudas sólo cuando la mayoría de ellos accedió a la cátedra universitaria en la misma Universidad de San Marcos sus cualidades y dotes historiográficas, reconocidas ya por algunos sectores de la intelectualidad, alcanzaron un reconocimiento mayor. Este acceso redundó positivamente en sus investigaciones, pues no sólo perfilaron más nítidamente sus preferencias temáticas sino que también las nuevas responsabilidades asumidas los estimularon o obligaron a desarrollar, mejorar y pulir su metodología de trabajo e investigación, a consolidar sus respectivos marcos teóricos, a emprender ambiciosos estudios, etc. Aunque no habían dejado de ser todavía en el fondo los impetuosos e impulsivos estudiantes que decidieron allá en 1917 hacer un corte en la investigación histórica del Perú. Pero la presencia de estos jóvenes catedráticos se explica fundamentalmente por la existencia de una coyuntura política concreta y que a la postre fue propicia para su ascenso a tales cargos: en 1931 se realizaron elecciones para la rectoría en la vieja Alma Mater, se presentaron dos candidatos: Víctor Andrés Belaúnde y José Antonio Encinas. La victoria de Encinas posibilitó que Leguía ocupará la Secretaria General de la Universidad, que Basadre fuera nombrado Bibliotecario, que Porras Barrenechea ejerciera la dirección del Colegio Universitario y que finalmente Sánchez tuviera a su cargo la Dirección del Departamento de Extensión Cultural. A pesar de haber partido todos ellos de una matriz generativa común, como es el de haber estudiado letras en la Universidad de San Marcos, de haber tenido como maestros a los escritores arielistas o novecentistas, el de haberse formado como historiadores bajo la dirección intelectual y moral de Medina, de haber participado en las luchas por la reforma universitaria, de simpatizar con la revolución mexicana, de trabajar en la Biblioteca Nacional, de ocupar cargos administrativos y la cátedra en la misma Universidad y de ejercer la crítica literaria; con el pasar de los años cada uno de ellos tomó su propia dirección, aunque siempre enmarcados dentro de la historia como disciplina madre o matriz. Pero no sólo los avatares de la vida los separaron sino que el mismo anunció de 1921 de una viraje teórico y práctico en la historiografía peruana no fue realizado por muchos de ellos porque no quisieron entrar a una confrontación directa y frontal con la generación predecesora.

La aparición del Conversatorio Universitario en 1920 y su posterior evolución significó en el medio intelectual peruano el anuncio de un cambio radical en los estudios de historia. David Sobrevilla ha señalado, implícitamente, que la mejor forma de medir o valorar en su justa y exacta dimensión la tarea intelectual de una generación o de un grupo de personas no es sólo la permanencia o vigencia de sus obras en el tiempo ni la repetición de sus esquemas interpretativos o análisis sino de la incapacidad o imposibilidad de parte de los pensadores e intelectuales subsiguientes para reemplazarlos por otras propuestas o visiones alternativas. De tal manera que aplicando tal criterio se puede afirmar que las propuestas de Sánchez o Basadre, por mencionar a los dos autores más prolíficos del Conversatorio Universitario, permanecen todavía hasta nuestros días como dos hitos insuperados y en tal sentido todavía conservan una juvenil actualidad.

 

"LA BOHEMIA DE HUANCAYO O LOS HERMANOS BOLAÑOS DÍAZ”

En la región de la sierra central el predominio económico, social y político lo tuvo desde mediados del siglo XIX la ciudad de Jauja. Paulatinamente, con el inicio de la construcción del ferrocarril de Lima a la Oroya y con la presencia del capital norteamericano (Cerro de Pasco Mining Company en 1902 y la Sociedad Ganadera de Junín en 1906) Jauja comenzó a perder su liderazgo en favor de Huancayo que ocupaba una posición geográfica estratégica como eje de comunicación con Lima, además de comunicar a toda la sierra central con los departamentos del sur. Así, en los años 20 Huancayo comienza ya a mostrarse como una ciudad con un futuro muy promisorio, donde las actividades económicas claves, y que ya comenzaban a manifestar su enorme potencialidad, serían el comercio y la minería. Así, estamos frente a una ciudad moderna, sin una aristocracia, ubicada dentro del hinterland limeño, y por consiguiente receptora constante de diversos flujos de información y de valores culturales e ideológicos que no tuvieron otras urbes del Perú. De tal manera que los acontecimientos internacionales que marcaron nuestro siglo, como la primera guerra mundial y la revolución rusa, no fueron temas ajenos. Si lo internacional deja sentir su enorme influencia en los corazones y mentes de los jóvenes, mayor es el peso moral e ideológico de las figuras nacionales más descollantes de ese momento como Manuel González Prada y los nuevos políticos e ideólogos como Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui.

En las actividades literarias y culturales la joven ciudad tuvo un movimiento sumamente intenso, tanto a nivel de publicaciones informativas y culturales como de autores y corrientes. Por su parte los grupos literarios aparecieron en toda la región del centro tuvieron una gran actividad cultural en la década del 20: giraban la mayoría alrededor de una determinada revista. Los núcleos de gestación fueron no sólo la ciudad de Huancayo sino también Jauja, Sicaya y Muquiyauyo. Una de las revistas más importantes fue Hélice, dirigida por los hermanos Bolaños Díaz: "Los más conspicuos animadores de este primigenio movimiento literario en Huancayo fueron los hermanos Bolaños Díaz: Federico, Reynaldo y Oscar. Sobre todo, los dos últimos quienes se hicieron más conocidos en el mundo de las letras como Serafín Delmar y Julián Petrovick, respectivamente (Barquero: 1977)".

La bohemia de Huancayo, que tuvo a los hermanos Bolaños Díaz como principales directores, se caracterizó por desarrollar solamente un trabajo literario. Desde una perspectiva histórica se puede afirmar incluso que constituyen el primer movimiento de esta índole en esta ciudad. Se nuclearon alrededor de la revista Hélice, dirigida por Oscar. Este club literario estaba bien enterado de las nuevas orientaciones vanguardistas en literatura (que, en esos días, estaba tomando cuerpo Lima). El nombre de la revista, parece provenir de la influencia de Guillermo de Torre (1902-1972), creador del ultraísmo. Lo que llama la atención en dicha publicación fue su factura no indigenista -prácticamente inexistente- como sí lo fueron otras revistas literarias de la época; también es de destacar su vanguardismo literario y su identificación con la poética y no tanto con la narrativa, lo que definió su carácter, sentido y orientación. Asumir el vanguardismo poético en los años 20 en el Perú implicaba aceptar una determinada concepción del quehacer literario, que llevaba no sólo a un enfrentamiento radical con lo tradicional, tanto en contenido, formas y técnicas, sino también lo acercaba a lo que se denominó el arte purismo. Es decir, hacían suya todas aquellas ideas que consideraban la creación literaria sólo como un hecho estético, sin influencia de otra naturaleza.

Los hermanos Bolaños Díaz dejaron la ciudad de Huancayo y se trasladaron a Lima, probablemente en 1924, con lo cual si bien es cierto no se dio por terminado este inicial ciclo vanguardista surgido en la sierra central del Perú con los años dieron inicio a otro como muchos de sus coetáneos y coterráneos.

Sobre Reynaldo Bolaños Díaz o Serafín Delmar (1901-1980) no existe la seguridad si el lugar de su nacimiento fue Huancayo o Tayacaja, hoy provincia del departamento de Huancavelica (Emilia Romero: 1966). Lo cierto es que nació en 1901 y pasó la mayor parte de su adolescencia en Huancayo. Con el pasar de los años, cuando alcanzó reconocimiento y fama por su trabajo literario, siempre fue identificado como un escritor huancaíno. En la década del 20 se hizo aprista y por su militancia sufrió destierros -Chile, Bolivia, Panamá, Cuba, México) y cárceles (1926, 1927 y de 1932 a 1942). Conoce a Magda Portal (1903-1989), quien luego de divorciarse de su hermano mayor, Federico, será su compañera por casi 20 años, y con ella compartirá un sentimiento mutuo -el amor y como producto de esa unión tuvieron una hija: Gloria-, gustos literarios -el vanguardismo- y algunas empresas -edición de la revista Trampolín-Hangar-Rascacielos-Timonel (1926-27). Su producción literaria (poesía, narrativa corta y larga) atravesó por varios períodos: vanguardismo (1920-24), vanguardismo-realismo (1925-27), realismo indigenismo (1928-30) y realismo cholismo (1931 a ¿1946?). Sus libros, de género narrativo y poético, fueron los siguientes: Los espejos envenenados (1926), El derecho de matar (1926), Radiogramas del pacífico (1927), El hombre de estos años (1928), El año trágico, Cantos de la revolución (1934), Diario íntimo de un condenado (1940), Sol: están destruyendo a tus hijos (1941), La tierra es el hombre (1942), Los campesinos y otros condenados (1943), y Tiempos de odio (1946).

Federico Bolaños Díaz (1896-....) se inició en Lima colaborando en diversos periódicos, entre ellos Mundial. En 1924 editó junto con la poetisa Magda Portal la revista literaria Flechas (Luis Alberto Sánchez: 1965; Estuardo Nuñez: 1938; Luis Monguió: 1954 y Esther Castañeda: 1989). Inquieto de fondo y arrogante de forma, ensayó diversas empresas intelectuales. Su primer y único libro se titula Atalaya de 1922 (Luis Alberto Sánchez: 1965).

Mientras que Julián Petrovick o Oscar Bolaños Díaz (1903-1978) también va a inclinarse por la literatura y la política. Nació probablemente en Huancayo. Fue un importante dirigente político aprista durante la década de los años 30, llegando a ser inclusive secretario personal de Víctor Raúl Haya de la Torre; como muchos sufrió también encarcelamientos y torturas. Sus obras más importantes fueron El cinema de Satán (1926), Naipe adverso (1930) y La paloma asustada (1966).

Si bien al hablar de la importancia los hermanos Bolaños Díaz es referirse a la emergencia y constitución de la Bohemia de Huancayo, en el campo de la producción literaria quien resalta de los tres es Serafin Delmar por varias razones (Tito Agüero: 1997): es uno de los iniciadores en el Perú tanto de la poesía vanguardista como de la poesía social (Luis Monguió: 1954); por su indiscutible valor antropológico, pues en su narrativa retrata magistralmente la cultura andina de todo el valle del Mantaro (Los campesinos...); y porque es el primer escritor que aborda la problemática de la integración nacional desde una perspectiva cholista (La tierra...) y en tal sentido es un valioso antecedente a los autores y teorías sociales (sociológicas y antropológicas) que se desarrollaran posteriormente especialmente a partir de los años 50-60 y que perduran hasta la actualidad (Aníbal Quijano; Francois Bourricaud; Carlos Franco, etc.). Sin embargo, Serafín Delmar murió en el más completo olvido de toda la crítica literaria peruana. Uno de lo pocos que alzó su voz de protesta fue el poeta aprista Antenor Samaniego, quien recordó que su obra siempre estuvo signada por el olvido cuando no por el silencio: “En el Perú, todavía dominado por los evasionistas literarios, nadie dijo nada sobre su muerte. El que pasó, semejante aun huracán, estremeciendo la floresta poblada de ruiseñores y cactus, fue, una vez más silenciado, con el silencio habitual de nuestros críticos de oficio, que no hacen otra cosa que ocultar su incapacidad ante el paso demoníaco de los demoledores que, de cuando en cuando, llegan a nuestras altas peñolerías andinas”.

“EL ACCIONAR POLITICO DEL APRISMO EN LA DECADA DEL 30”

Para poder entender y valorar en su verdadera dimensión lo que significó la emergencia del aprismo en el escenario político peruano es necesario recordar el sistema de dominación social y política que existía en el Perú de ese entonces, para lo cual recurriremos a tres formulaciones sociológicas desarrolladas por dos importantes científicos sociales peruanos. Primeramente, la famosa figura de Julio Cotler del triángulo sin base, en cuyo vértice se encontraría una oligarquía extranjera y/o peruana que controlaba los recursos económicos (propietarios de las haciendas agro exportadoras de la costa norte, los famosos barones del azúcar, y los hacendados algodoneros) mientras que en la base se hallarían las clases populares: la masa indígena y/o campesina, las capas medias (universitarios, intelectuales, etc.) y el naciente proletariado. Todos ellos, de una u de otra manera, subordinados, obedientes y sobre todo sin vínculos entre sí. Segundo, la tesis de los hermanos Stein (Barbara y Stanley) sobre la existencia de la herencia colonial en la sociedad latinoamericana y que Cotler lo utiliza en su estudio sobre la historia social del Perú llegando a la conclusión que esta se manifiesta en dos terrenos: en el social, la dominación del indio, y en el económico, la dependencia con España, Inglaterra, Estados Unidos. Seguidamente, echaremos mano a la hipótesis que presenta Hugo Neira para explicar la existencia de regímenes autoritarios en toda la historia política Perú: existe en la estructura social de nuestro país un tejido despótico de orígenes precolombinos que determinaría una suerte de servidumbre voluntaria.

De esta manera la dominación social y política sobre las clases populares peruanas está relacionada con la historia o la estructura social y el poder político que detenta la oligarquía azucarera y algodonera o para decirlo de una manera simple y directa en palabras de François Bourricaud: son dos los mecanismos u instrumentos que le permiten tener este control: la neutralización de las clases medias y la marginación de los olvidados. Sin embargo, todas estas estructuraciones y/o determinaciones sociopolíticas se ven fuertemente recusadas cuando el aprismo insurge justamente contra el control vertical de la oligarquía sobre las clases populares pero sobre todo cuando plantea el establecimiento de lazos de solidaridad entre los excluidos y marginados, con lo cual las relaciones tradicionales entre los de arriba y los de abajo sufren una serie modificación pues la pirámide comienza ya a tener una base, o la herencia colonial comienza a mostrar ya una severa crisis de legitimidad, lo mismo que el tejido despótico. Ahora, las clases populares se organizan, descubren su situación social y comienzan a desarrollar una conciencia social y política (frente único de clases explotadas) y en este proceso descubren que el problema al que ellos se enfrentan no tiene solo un carácter y/o naturaleza nacional sino que abarca a toda Latinoamérica (“por la unidad política y económica de América Latina”) e inclusive mundial (“solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo”). Por consiguiente, la servidumbre voluntaria, deja de tener sentido y lo que se observa más bien es lo contrario, la independencia o liberación no solo consentida sino sobre todo buscada.

“CLANDESTINIDAD: PERSECUCION, DESTIERRO Y ASILO EN LA EMBAJADA DE COLOMBIA”

La crisis de dominación de la oligarquía en los años 30, 40 y 50 no solo se limitó a los terrenos propios del control social y político sino también a los vinculados a la economía, es decir, el cuestionamiento se extendió al diseño, ejecución e implementación de las políticas económicas, lo que François Bourricaud llama acertadamente el liberalismo criollo, pero también, y sobre todo a la estrategia de desarrollo basada en la exportación de recursos primarios. Para decirlo en otras palabras la impugnación aprista a la oligarquía era política, social y económica.

La respuesta de la oligarquía fue la utilización de la violencia institucionalizada para lo cual uso tres instrumentos. Primeramente dictó en todos estos años un conjunto de normas jurídicas con el objetivo expreso de perseguir y apresar a todos los apristas. Aquí, encontramos desde la Constitución de 1933 (artículo 153: “El estado no reconoce la existencia legal de los partidos políticos de organización internacional. Los que pertenecen a ellos no pueden desempeñar ninguna función pública”) hasta las tristemente célebres Ley de Emergencia, Ley de Seguridad Interior de la República, etc. El segundo, como consecuencia que los tradicionales partidos de la derecha, como el civilista o leguiista, no podían competir con el PAP, se vio obligada a formar nuevas organizaciones políticas y así apareció la Unión Revolucionario de Luis A. Flores; cuya ideología política no fue liberal, ni conservadora sino simple y llanamente fascista. Y por último, pero no por eso menos importante, el utilizar a los militares (léase y entiéndase ejército peruano) e instaurar sanguinarios y abusivos regímenes dictatoriales.

Una muestra de todo ello es la misma biografía política del principal líder político del aprismo Víctor Raúl Haya de la Torre. Haya fue un perseguido político en 1923 durante el gobierno de Leguía, que aunque civil, ya había comenzado a asumir caracteres autoritarios, en 1932 (Sánchez Cerro) y durante los siguientes períodos de tiempo 1934 a 1945 (Benavides y Prado) y 1948 a 1956 (Odría). Estuvo en prisión en 1932 hasta 1933 (Sánchez Cerro). Y para acabar tuvo que estar asilado en la Embajada de Colombia desde 1949 hasta 1954 (Odría). En total 34 años de persecución, encarcelamiento, destierro y asilo. Este gran intervalo de tiempo fue denominado por los biógrafos e intelectuales apristas (Sánchez, Cossio del Pomar y Chang-Rodríguez) como la gran clandestinidad y se ha constituido en un componente central en la constitución y consolidación de la identidad aprista (mística, simbología, slogans, martirologio, compañerismo...) que ha convertido al aprismo junto con otros movimientos nacionalistas y populares latinoamericanos, como el justicialismo o peronismo argentino y el agrarismo mexicano o cardenismo,  en todo un objeto de estudio que merece ser estudiado detenidamente no solo como una ideología política auténticamente latinoamericana sino y sobre todo como un interesante fenómeno de carácter y/o naturaleza sociológica.

     “CHILE: LA PRESENCIA POLÍTICA E INTELECTUAL APRISTA (1932-1948)"

Hay una infinidad de testimonios que demuestran la enorme trascendencia que tuvo el aprismo en ese país. Inclusive diríamos que en algunos casos, como es el campo propiamente cultural e ideo-político, su huella adquiere caracteres realmente extraordinarios. Libros, folletos, ensayos, estudios, etc,. tanto de apristas peruanos  como de socialistas chilenos, y sobre todo, revistas y periódicos, especialmente chilenas. Basta con acceder a los siguientes diarios que se editaban y que algunos todavía se siguen editando  en Santiago de Chile: El Mercurio, La Opinión, La Nación, El Diario Ilustrado y El Siglo. Así, como también las siguientes revistas de la capital chilena: Ercilla y Zig-Zag. Secundariamente, se podría también estudiar algunos medios de comunicación de otras ciudades chilenas donde también los apristas desarrollaron una acción política. Por ejemplo, en Concepción, los periódicos: El Sur y La Patria.

Desde una perspectiva temporal abarca tres períodos concretos: uno, de 1932-1933, que es el tiempo de la primera gran persecución aprista, y que produjo el primer exilio político chileno; dos, que definitivamente es la etapa más importante, abarca de 1934 a 1945, y que comprende los gobiernos de Benavides y Prado; y por último, el de 1948 a 1956, que engloba íntegramente a la dictadura odrísta. Sobre el punto en cuestión es necesario hacer una aclaración, pues si bien el Partido Aprista Peruano se funda en 1930 y el Partido Socialista de Chile recién en 1933, hubo un período de tiempo, diríamos de 1922 a 1930, que muy bien puede llamarse de antecedentes, donde los núcleos juveniles que van a dar vida a estos dos movimientos políticos se interrelacionaron muy fuertemente. Por el lado de la delimitación espacial Santiago de Chile, concentró el esfuerzo político e intelectual aprista pero también se va abarcó a otras ciudades que también fueron escenarios de un trabajo político continuado y sostenido durante todos estos años -Concepción, Valparaíso, etc.-.
La producción intelectual aprista y su influencia en el socialismo adquiere caracteres realmente sorprendentes y porque no decirlo únicos. Efectivamente, al adentrarse en este punto se descubre que el trabajo intelectual aprista realizado en Chile en términos cuantitativos es inconmensurable y, lo que definitivamente, es más importante, cualitativamente es sumamente destacable. Pues no sólo estamos aludiendo a una enorme cantidad de libros, folletos, separatas, revistas, etc. sino a una infinidad de espacios o campos del quehacer intelectual. Así, se abarcaron terrenos literarios tanto del Perú como de toda Latinoamérica -crítica y historia literaria, novela, cuento y poesía-, filosóficos -estética, filosofía de la cultura y de la historia-, políticos -análisis de coyuntura, conceptualizaciones sobre la realidad social y sobre la alternativa política, etc.- y económicos -estudios sobre el imperialismo y la estructura económica, análisis económicos, etc.-. Junto a todos estos géneros, hubo un marcado énfasis en algunos temas que pasamos a señalar muy rápidamente: el imperialismo, la integración latinoamericana, el aprismo, el marxismo, algunas corrientes literarias europeas -especialmente el vanguardismo europeo-, etc. A todo esto habría que agregar la tarea de promoción y difusión de textos de factura marxista y la traducción de los más importantes libros sobre y de literatura europea de ese entonces.

La acción política de los apristas en este país del sur tiene que verse en dos planos muy concretos. Uno, el realizado propiamente en Chile. Lo cual, nos lleva inevitable y obligatoriamente, a tocar el tema de la relación estrecha que se estableció entre el aprismo peruano y el socialismo chileno. Este vínculo se establecerá a partir de algunas actividades o acontecimientos políticos concretos. Para comenzar los diversos Congresos del Partido Socialista de Chile, la Federación de Estudiantes Indoamericanos -FEI-, el I Congreso de Estudiantes Latinoamericanos realizado en Santiago de Chile en 1937, la Sociedad Amigos de "Víctor Raúl Haya de la Torre" creada en 1938, la constitución del Frente Popular Chileno del mismo año -que llevó al poder al radical Aguirre Cerda producto de una coalición entre socialistas, comunistas y radicales-, el Congreso de las Democracias efectuado en Montevideo en marzo de 1939, el I Congreso de Partidos Democráticos y Populares de América Latina realizado en Santiago de Chile por el propio Partido Socialista en octubre de 1940, y sobre todo, el II Congreso Continental de Partidos Socialistas y Populares organizado por los socialistas en Santiago de Chile a fines de abril de 1946 y que contó con la presencia del jefe del aprismo peruano Víctor Raúl Haya de la Torre. Pero la acción política de los apristas en Chile no se limitó solo a las fronteras de este país sino que también se expresó en una serie de acciones de carácter continental la mayoría de ellas a difundir el aprismo  -Argentina, Uruguay, Bolivia y México- y a atacar en esos países a los gobiernos dictatoriales peruanos de turno.
El llamado en ese entonces Comité de Desterrados Apristas en Santiago -CAPS- fue el más importante Comité Aprista en el exterior, prácticamente era el que tenía la mayor jerarquía política, y en tal sentido, cumplió un rol director y conductor. Estaba constituido por todos los apristas residentes en Santiago de Chile pero era perfectamente distinguible encontrar varios grupos en su interior: los ex-miembros de la Célula Parlamentaria Aprista -CPA- del Congreso Constituyente de 1931, los que por su edad pertenecían a las juventudes del partido -Federación Aprista Juvenil o simplemente FAJ-, los que trabajaban en la editorial Ercilla y los jóvenes apristas que estudiaban en las Universidades chilenas y que formaron el Centro de Estudiantes Peruanos en Chile. Como todo Comité Aprista la CAPS tenía una estructura de mando claramente definida y delimitida. Sus Secretarios Generales durante todo este período fueron las siguientes personas: César Enrique Pardo, Alberto Grieve Madge, Carlos Alberto Izaguirre, Agustín Vallejos Zavala y los líderes apristas Manuel Seoane Corrales y Luis Alberto Sánchez.

Para efectos de analizar de manera ordenada el importante papel que le toco cumplir a la revista Ercilla sólo para efectos pedagógicos y explicativos es necesario hacer dos distinciones: entre el trabajo propiamente editorial y la revista que llevó el mismo nombre. Sobre lo primero lo que hay que decir es que estamos frente a la casa editora más importante de todo el continente. Efectivamente, la labor de impresión de libros peruanos, chilenos, y europeos fue, para decirlo en pocas palabras, realmente impresionante. Bajo la atenta y vigilante dirección de Luis Alberto Sánchez Ercilla durante más de una década se convirtió en el referente intelectual obligatorio de los escritores, literatos y políticos latinoamericanos. Comentario aparte merece la edición de libros apristas y que tuvieron una enorme difusión en Chile. Textos de Víctor Raúl Haya de la Torre, Luis Alberto Sánchez, Manuel Seoane Corrales, Antenor Orrego Espinoza, Ciro Alegría Bazán, Pedro Muñiz, etc. llegaron a las manos de todos los chilenos y fueron ávidamente leídos y estudiados, especialmente por los socialistas chilenos. Mientras que la revista Ercilla tuvo dos etapas muy marcadas. La primera, que duro de 1934 a 1937, estuvo bajo la dirección de Sánchez. Como es obvio suponer, tuvo un marcado sesgo literario y culturalista. La segunda, que se inicia en 1937 y que termina en 1945, tuvo como director a Manuel Seoane Corrales. Ahora, el énfasis estuvo en lo político, especialmente en lo que se refiere a la divulgación doctrinaria y las consecuencias de la II Guerra Mundial, aparte del decidido apoyo prestado al Frente Popular Chileno de Aguirre Cerda.

Así, pues adentrarse a esos lejanos años no es sólo un ejercicio meramente académico sino también una forma de valorar en su justa y verdadera dimensión a todos los hombres y mujeres que fueron protagonistas centrales de esta interesante y apasionante aventura político-intelectual y también de hacer recordar a las nuevas generaciones, tanto de apristas peruanos como de socialistas chilenos, que es posible construir una fraternidad latinoamericana en el que las divisiones del pasado queden totalmente atrás y las tareas del presente y del futuro los comprometan.

“LA CONSTITUCIÓN DE VICTOR RAUL HAYA DE LA TORRE”

El Perú durante toda su historia republicana ha tenido innumerables constituciones. Comenzando por la misma carta de Cádiz de 1812, pasando por las de 1823, 1825, 1828, 1833, 1837, 1839, 1856, 1860, 1920, 1933, 1979, hasta la última, el estatuto de la dictadura fujimontesinista de 1993. Casi todas fueron producto ya sea de golpes de Estado dados por militares cuando no por civiles o de negociaciones u conciliábulos  de las elites aristocráticas u oligárquicas que consideraban al Perú como una suerte extensión de su propiedad privada (patrimonialismo). Las excepciones son sin duda la Constitución de 1823, en la que se establecería lo que Basadre llamó la promesa de la vida peruana  (Luna Pizarro, Mariátegui, Vigil, Sánchez Carrión); la de 1860, que promulgó Castilla, en donde los congresistas (liberales y conservadores) tuvieron la inteligencia de recoger los puntos de vista que no extremaran la confrontación política y que llevaran finalmente a que sea la Constitución de vida más larga del Perú; por último, la del 79, que a diferencia de todas las anteriores se caracteriza por ser una resultante de todo un movimiento social y popular ya no de aristócratas u oligarcas sino de las clases populares que demandaron al gobierno militar de ese entonces (Morales Bermúdez) a que convocara a una Asamblea Constituyente para la redacción de una nueva carta magna. 

Además la Constitución del 79 tiene otras características que la hacen más atípica. Es la única ley de leyes que expresa de manera más fidedigna todo este proceso de emergencia de la universalización y globalización de la democracia que sin duda recibió un gran impulso con la famosa Declaración Universal de los Derechos Humanos hecha por la ONU el 10 de diciembre de 1948 y que a su vez ha sido continuada por todo un conjunto de nuevos instrumentos jurídicos (pactos sobre derechos económicos, sociales y culturales) y últimamente por la Declaración del Milenio de septiembre del 2000 que dice con absoluta claridad que la construcción de la democracia en el planeta tiene que basarse en la igualdad y en la justicia social. Pero también porque sintetiza y/o resume todo el importante debate filosófico y político de los últimos 300 años. Efectivamente, se recoge lo mejor del pensamiento liberal clásico (Locke, Rousseau, Mill y Kant) asentado en las categorías teóricas de individuo, libertad e Estado de Derecho como con las novísimas formulaciones del nuevo liberalismo de John Rawls como de sus antípodas, los filósofos comunitaristas y multiculturalistas norteamericanos (Walzer, Taylor, Rorty) pero también se relaciona con las teorizaciones socialistas asentadas en la búsqueda de la equidad y/o justicia social y expresadas por tanto en los derechos sociales (socialismo democrático, anarquismo, keynesianismo, estructuralismo cepaliano y marxismo). Para acabar, hay otra característica que también es digna de mencionar, la Constitución de 1979 se inscribe en un horizonte político no solo peruano sino y sobre todo latinoamericano, es decir, como ninguna otra de las muchas constituciones que se han promulgado y sancionado en el Perú la carta magna que firmó Víctor Raúl Haya de la Torre debe ser vista como el documento jurídico constitucional más latinoamericanista de todas las que hemos tenido.

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