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El camino que fue trazado por el jefe
Haya y el APRA (II)

Por las investigación comparada que he realizado sobre las relaciones líder-movimiento en un contexto político, puedo afirmar que el caso de Haya y el APRA es el más notable de identificación y lealtad entre uno y otro factor; no se puede entender a al APRA sin Haya y viceversa, al punto que me temo que al desaparecer físicamente Haya, el APRA hayista dejo de existir. Ni Armando Villanueva (el de la coyuntura de 1980 a 1983) ni Alan García pudieron darle al partido ese impulso vital que Haya sí le prodigó, tanto a nivel de fortalecimiento institucional, de enseñanza de valores morales y de nuevos aportes ideológicos o filosóficos.
Lo que queda luego de varios años de caudillismo de García Pérez y de un clientelismo jorgista, con la complacencia de no pocos militantes, es el Partido Alanista Peruano. El partido de los que sin rubor alguno dicen que van a votar por PPK en estas elecciones (porque es de derecha y les va a perdonar sus impudicias).

Por: Juan Chacón P.
Haya de la Torre un lider que fortalecia la organización y preparaba a los jóvenes

En la primera parte del artículo habíamos afirmado que Víctor Raúl Haya de la Torre dejó su testamento político no en la víspera de morir, sino a inicios de la década de los setenta, y lo hizo públicamente en el mitin por el Día de la Fraternidad de febrero de 1970, cuando sin ambages revindicó la paternidad intelectual de la esencia de las REFORMAS SOCIALES que había iniciado la llamada Revolución Peruana de las Fuerzas Armadas; por si quedasen dudas, en la víspera por el Día de la Fraternidad de 1971, en un diario local, Haya se refirió al SOCIALISMO CON DERECHOS HUMANOS que el régimen militar debía de implementar. Durante 1978 y 1979, siendo presidente de la Asamblea Constituyente, lejos de segregar a los representantes de la izquierda marxista-leninista, los respetó por su origen en las ánforas, y concertó con ellos; al igual que lo hizo con los sectores conservadores, a todos los cuales persuadió que suscriban, como así lo hicieron, la Constitución Política propuesta por la Célula Parlamentaria Aprista CPA (esa sí gloriosa y digna heredera de de la CPA de 1932) que incluía el modelo de economía social de mercado.  

Dijimos también que 1970 tuvo otro significado decisivo: Haya, luego de múltiples salidas del país, se asienta por fin en Villa Mercedes y en el local de Alfonso Ugarte, su segunda casa. No se quedó en el discurso del Mitin de la Fraternidad del mismo año, sino que la vuelta a los orígenes la plasmó en una serie de medidas en la conducción partidaria, que las hemos comentado en la primera parte de este artículo. En el umbral de la recta final de su agitada y fecunda vida, el líder aprista se decide reasentar las bases primigenias y vigentes de su ideario y programa. Este “Renacimiento” tuvo su impacto especialmente en la juventud aprista, que había sido empoderada por Haya en la organización partidaria, y en los universitarios y estudiantes de institutos superiores. La reedición de El Antiimperialismo y el APRA, después de muchos lustros, ayudó en este proceso. Entre de las nuevas ediciones, un joven Hugo García Salvattecci publica Haya de la Torre o el Marxismo Indoamericano, un enfoque izquierdista sobre el pensamiento de Víctor Raúl, que influyó mucho en aquel proceso.

Es decir, Haya tomaba las previsiones para que su testamento político expresado inequívoca y públicamente cuente con cauces institucionales para su realización concreta. Pero algo no tan grato sucedía en paralelo. El Maestro no previó que el accionar partidario de los años precedentes a 1970, signado por la Convivencia con Prado y la Coalición con Odría, dejaría su impronta en la masa aprista.   

Víctor Raúl sabía que esos entendimientos, aunque los consideró un paréntesis necesario, fueron un error, aunque nunca lo reconoció en público. Valle riestra, alguien de quien podemos discrepar pero que fue cercano a Haya y testigo de esas coyunturas, también considera esos acercamientos con la derecha como sendos errores, y señala que como consecuencia de estas alianzas el APRA se redujo a un tercio del electorado. Los alejamientos del partido del “Cachorro” Seoane y de Luis Felipe de las Casas simbolizan la disensión de muchos militantes y simpatizantes por aquellos años difíciles para el Partido del Pueblo.

En términos cualitativos, la militancia aprista pierde su carácter diferenciador. Si bien conserva la mística, la devoción por el jefe, y la parafernalia típica del aprismo, pierde el supremo y originario propósito, su razón de ser: un espíritu revolucionario que se traduzca en la consecución combativa del cambio estructural del país, para instaurar un Estado al servicio de las clases productores, en especial de los más necesitados. Empieza la confusión en la masa popular que siempre acompañó al APRA y los militantes enfatizan el papel transaccional (con la derecha) del partido.
 
Por las investigación comparada que he realizado sobre las relaciones líder-movimiento en un contexto político, puedo afirmar que el caso de Haya y el APRA es el más notable de identificación y lealtad entre uno y otro factor; no se puede entender a al APRA sin Haya y viceversa, al punto que me temo que al desaparecer físicamente Haya, el APRA hayista dejo de existir. Ni Armando Villanueva (el de la coyuntura de 1980 a 1983) ni Alan García pudieron darle al partido ese impulso vital que Haya sí le prodigó, tanto a nivel de fortalecimiento institucional, de enseñanza de valores morales y de nuevos aportes ideológicos o filosóficos. Tampoco infundieron una prédica con el ejemplo de vida austera, que no fomente argollas o privilegios entre los compañeros. 

Lo que queda luego de varios años de caudillismo de García Pérez y de un clientelismo jorgista, con la complacencia de no pocos militantes, es el Partido Alanista Peruano. El partido de los que sin rubor alguno dicen que van a votar por PPK en estas elecciones (porque es de derecha y les va a perdonar sus impudicias).

A Víctor Raúl la vida no le dio el tiempo suficiente para ganar las elecciones en 1980,  ni para profundizar los cambios en el partido, con el fin de que vuelva a ser el instrumento de transformación social y política, instrumento que dejó de serlo de 1956 a 1970.

Sin embargo, los apristas genuinos, los fieles seguidores de Víctor Raúl Haya de la Torre, del Jefe y Maestro, seguiremos la esencia de su testamento político que hizo público en 1970: practicar izquierda democrática, socialismo con derechos humanos, luchar por reformas estructurales y una mejor distribución de la riqueza.

Por Haya, no votaré ni por PPK ni por Toledo.

Votaré por Gana Perú y Ollanta.

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Haya y el APRA (I). Por Juan Chacon

 
 
 
 
 
 
 

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